Por Ana Claudia Molinari
“Un hombre estaba seguro de que su mujer lo engañaba pero no sabía quién era el querido de su mujer.
Otro hombre le dijo: – tú no sabes cuál querido tiene tu mujer y te va a atacar un tigre.
El marido dijo:
-¿Qué voy a hacer yo?
Y el otro le dijo:
-Tú vas a afilar tu machete a ambos lados.
-Está bueno ¿Qué voy a hacer ahora?
-¡No te pares, acuéstate sobre el camino con el machete en la mano, el tigre va a brincar sobre ti de un lado a otro, y tú nada más vas a hacer un movimiento con el machete en la costilla del tigre.
Así lo hizo el amigo, el tigre cayó sobre el otro lado, se levantó y le pegó otra vez con el machete al tigre, y el tigre ya estaba muerto.
-Ya gané- decía el amigo. Después él llegó a su casa; cuando él llegó, hablaba la gente y decían que un hombre murió sobre el camino. El enfermo echó sangre por la boca y así murió.
El hombre no le hizo nada a su mujer”.
Relatos, mitos y leyendas de la Chinantla, recopilación de R. Weitlaner, rescate, selección y notas de María Sara Molinari, publicado por el Instituto Nacional Indigenista, INI, en México, 1977.
Los ancestros mexicanos concebían un universo sin fronteras entre la sociedad humana y la animal. Encuentro sabiduría en ello y me parece que, a diferencia del pensamiento monoteísta de Occidente, en Mesoamérica no había una dicotomía entre lo natural y lo cultural. En el mundo mesoamericano, con ocho mil años de civilización (partiendo desde la domesticación del agave), existía una interconexión sagrada entre dioses, humanos y animales. Esta antigua cosmogonía fue interrumpida en el siglo XVI con la llegada de Hernán Cortés y junto con él, la corona española y sus financiadores. Muchos signos e ideas de la milenaria sociedad prehispánica, se transculturaron con los signos y relatos de la religión católica, incorporada por los indios en las misiones, que han sido los elementos constituyentes de las culturas novohispanas y mexicanas.
Particularmente interesantes son las ideas indígenas del nahualismo y el tonalismo, muy documentadas por investigadores prácticamente en todo el país, y que hasta hace algunas décadas, aún estaban vigentes en varios pueblos campesinos y populares de México. Tal es el caso de la narrativa chinanteca de mediados del siglo XX. Narrativa de la que forma parte el cuento con el que comienza esta reseña. Una concepción del mundo en la que los nahuales y las tonas, representan formas de relación entre las personas y los animales del monte. Todo chinanteco nace ligado a un animal que será su tona, animal y humano se protegerán mutuamente y tendrán un destino compartido. Por eso se dice que la tona es un gemelo, premisa que vemos claramente expresada en el cuento de la mujer infiel. Por otro lado, hay gente que tiene el don de transfigurarse en algún animal, esto es lo que se conoce como un nahual. Devenir en nahual solo puede ocurrir durante la noche y no cualquiera puede lograrlo; a las personas con estas capacidades, se les suele asociar con brujos o jaguares (tigres y leones) que actúan de esta manera en beneficio propio y con el fin de obtener ventajas. De acuerdo con esta concepción del orden social, si llegase a ocurrir que alguien mata la tona de otro, ese otro muere casi enseguida, tal como ocurre al querido de la mujer del cuento chinanteco. Pero existe una manera de salvarse de morir, tras la muerte de tu tona, y esta es, conseguir y quedarte con la piel y comer la carne de tu animal protector (tal como lo hicieron Sol y Luna cuando cazaron al venado en el principio del mundo).
En la narrativa chinanteca, el mundo actual se formó tras el nacimiento del sol y la luna. Nacimiento que a su vez, es la consecuencia de un conflicto familiar. Una mujer mató a su marido y su cuñado la mató a ella; buscó después el cuerpo de la cuñada y no lo encontró; un sapo encontró a cambio dos huevos y se los dio al cuñado. A partir de este momento, el personaje del cuñado es un tepezcuintle. El tepezcuintle envolvió y protegió los huevos en el cuenco de una calabaza. Después de un corto tiempo, de los huevos que cuidaba el tepezcuintle, nacieron dos niños llamados Sol y Luna. Con la ayuda de un venado, el tepezcuintle cuidó y alimentó a los niños; crecieron mucho Sol y Luna. Más adelante, Sol cazó al venado que los alimentaba; ofreció la carne a su madre (el tepezcuintle) que preparó con esta un caldo aromatizado con una planta llamada Hierba Santa. Finalmente la madre de los gemelos muere, pero antes, recrimina a Sol y Luna por haber matado a su padre, el venado. Sol y Luna abandonan el plano terrenal y se van al otro lado del mar. En un cuento cuicateco, el sol y la luna se forman con los ojos del venado cazado por Sol, los ojos se van al cielo y se convierten en astros, el izquierdo el sol, el derecho la luna.
Hoy traigo a mi blog un libro fascinante, que reviste la mayor importancia desde el punto de vista de la narrativa indígena y del rescate archivístico; un libro que también es un testimonio, que da cuenta del rescate y catalogación de los documentos originales que contenían estos relatos chinantecos. Mismos que estaban registrados a mano y sobre terreno, en los cuadernos y diarios de campo de un notable investigador, el ingeniero metalúrgico, etnógrafo y profesor de la ENAH, Roberto Weitlaner (Austria, 1883 – México, 1968), quien se instaló en México en 1922. La habilitación de los materiales que había dejado a su muerte, comenzó en la década de los setentas; cuadernos, guías, planos, reportes, mapas, notas, diarios de campo, fotografías, que el ingeniero generó en más de 40 años de trabajo en el Instituto Nacional de Antropología e Historia, INAH. Este interesante archivo, cuyo catálogo fue publicado en 1998, se puede consultar en el Fondo Weitlaner, ubicado en la biblioteca Othón de Mendizabal, de la DEAS, en la Ciudad de México.
Relatos, mitos y leyendas de la Chinantla, es una gota preciosa del mar de información que este Fondo contiene, es un texto confeccionado con rigor científico pero también con cariño, por Sara Molinari y un equipo integrado por las antropólogas, Maria Luisa Acevedo y Marlene Aguayo Alfaro, junto a la doctora Margarita Nolasco. Sara dice que reconoció enseguida el valor literario y etnográfico de los extraordinarios relatos orales que encontró, leyendo los diarios de su maestro, y se propuso dar a conocer ese patrimonio, haciendo un libro.
Se trata de una basta colección de 150 relatos y cuentos, recopilados en poblaciones de la Chinantla (Oaxaca, México). Seleccionados por Sara y definidos para su clasificación, en mitos, leyendas, cuentos, memoratas y creencias, que el equipo de antropólogas organizó en diez grandes temas, que integran los capítulos. El libro contiene 24 cuentos recolectados originalmente en chinanteco y tres más en cuicateco, que el mismo Weitlaner tradujo al español. Además, están los nombres de 41 relatores originarios, de al menos 11 poblaciones de habla chinanteco, cuicateco y mazateco. Algunos de estos nombres son, Antonio Bartolo, Hermenegilda Bernardino, Sabino Contreras, Paulino Girón, Juan Nicolás, Victoriano Pacheco y Anacleto Ramírez. Por si fuera poco, las compiladoras integraron excelentes notas, para situarnos en la región y la cultura chinanteca, que ayudan al lector a entender con mayor pertinencia los cuentos.
Relatos, mitos y leyendas de la Chinantla, es un libro que no tiene fin. Podemos seguir leyéndolo, atando cabos, descubriendo una manera de pensar no occidental sino india, por días y días, y no abarcaremos todas sus posibles lecturas; porque la lectura de este texto no puede ser lineal, ya que es muchos libros en uno, y contiene varios discursos simultáneos. Es un libro interesantísimo que nos transporta a un mundo encantado, donde sociedad y naturaleza se traspasan, y los animales del monte son personajes protagónicos de la vida cotidiana de un pueblo indígena, en una región étnica conocida como La Chinantla, al noreste de Oaxaca y en límites con Veracruz, México; entre la Sierra de Huautla y la cuenca del Río Papaloapan, con Tuxtepec como gran urbe económica. La Chinantla está habitada por los pueblos chinantecos, cuicateros, mixtecos, mazatecos, zapotecos y mestizos. El idioma chinanteco (una lengua oto-mangue) lleva más de 3,500 años de ser hablada, y tiene orígenes olmecas. Los antropólogos Barabás y Bartolomé han estudiado por décadas esta región.
Enfoquemos de nuevo aquello que dicen los chinantecos en sus cuentos. Hemos resaltado el nahualismo y el tonalismo como cosmogonías que vehiculan elementos prehispánicos, pero quiero contrapuntearlo con el símbolo de la mujer, en tanto mujer infiel. En el cuento con el que inicia esta reseña, tenemos estos dos campos semánticos reunidos: el marido engañado, que tiene la astucia de vencer a su rival matando al tigre que es su tona, y también el tema principal del relato, que la mujer tiene un querido y su marido se ve urgido de reaccionar. La mujer infiel es un tema recurrente en la narrativa chinanteca ¿por qué? Me resulta disonante con el estereotipo de la mujer como centro del hogar, alimentadora, paridora, cuidadora. Por el contrario, acá tenemos una mujer infiel que enfurece o avergüenza a los hombres y a la que en no pocos casos, se le castigará por su conducta transgresora.
Sabemos que en las regiones indígenas de México y el mundo, son las mujeres con su trabajo las que sostienen las comunidades; pero en la narrativa chinanteca del siglo XX, hay la constante mención a la fractura de la sana relación entre el hombre y la mujer. Es una narrativa del conflicto. Es evidente el trazo del pensamiento clásico Occidental, de la sociedad de la tensión y la competencia entre hombres y mujeres, que se remonta a la civilización griega. En el contexto que nos ocupa, la infidelidad femenina podría ser una metáfora de la ruptura interior del mundo comunitario, un síntoma del rompimiento o debilitamiento de la sociedad indígena, frente a la sociedad mestiza, que representa el exterior, que trae consigo el capitalismo. El signo de la mujer infiel de los relatos chinantecos, es quizá un reconocimiento tácito de la incapacidad de la comunidad para unificarse y enfrentar la amenaza exterior del despojo territorial; un aviso del inminente colapso de la cultura tradicional. Las voces de la Chinantla, a través de la metáfora, dan cuenta también del momento histórico que vivían esos pueblos indígenas en la década de los cincuenta, a punto de ser desarraigados de su territorio, con el interés nacional de canalizar sobre sus tierras, las corrientes del Río Santo Domingo, así como la construcción de la imponente presa Miguel Alemán.
Y finalmente, este es un libro de su tiempo, producido y publicado por dos fuertes e importantes instituciones culturales del Estado mexicano, el INAH y el INI, ambas surgidas después de la institucionalización de la Revolución Mexicana. Se concibe en el espacio de una política indigenista (de la que el Estado desiste a partir del neoliberalismo de los ochenta), y que asumía la tarea de fortalecer lo comunitario y dar relevancia a la lengua y cultura indígena en México. No olvidemos que muchos de los grandes intelectuales y artistas mexicanos del siglo XX, defendieron una filosofía indigenista, como es el caso de la escritora Rosario Castellanos, por ejemplo. Ese año de 1977, cuando se publica, Relatos, mitos y leyendas de la Chinantla, el jefe del Departamento de Difusión y Comunicaciones del INI, era nada menos que, Juan Rulfo. Quizá por eso, el libro quedó impecablemente escrito y editado. Mi querida Sara me regaló el único ejemplar que le quedaba de este tesorito que ella misma se encargó de tejer hace 48 años; un regalo como ofrenda que yo recibo y en reciprocidad, escribo esta reseña.
María Sara Molinari Soriano (México,1935) es trabajadora social, antropóloga e investigadora del INAH; experta en el rescate, catalogación y difusión de archivos culturales. Nadie conoce mejor el Fondo Weitlaner que ella, que lo ha trabajado durante los últimos cincuenta años.
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