Por Ana Claudia Molinari
“A ese sentimiento desconocido cuyo tedio, cuya dulzura me obsesionan, dudo en darle el nombre, el hermoso y grave nombre de tristeza. “
Buenos días tristeza, novela
Titulo original: Bonjour tristesse
Françoise Sagan, Editions Julliard, París, 1954
Traducción al castellano: Javier Albiñana
Descubrí a una bruja hermosa, espectacular, sincera, la escritora que encarna al escritor perfecto pero a la francesa, es decir, el escritor perfecto en todo caso, es una mujer: Françoise Sagan (1935-2004). Por estos días leo todo de ella. No me resisto a escribir sobre ella. La descubrí porque mis antenas todavía recuerdan, aunque es obvio que el algoritmo hizo su parte. Y de repente la vi. La novela Bonjour tristesse, que consigo traducida al español; es una Nouvelle, un libro delgado que te lo echas en un par de tardes y luego lo vuelves a leer en una noche; pronto me convierto en polilla aleteando alrededor de esa luz; ya comencé a escucharla en francés, en la voz de Catherine Deneuve.
En agosto de 1945, nuestra escritora era una niña de 10 años; para ella y su familia, la guerra implicó mudarse de casa y de ciudad, con toda certeza vieron en cine o en televisión, el espectáculo de las bombas nucleares en Hiroshima y Nagazaki; una década más tarde, Sagan declaró en una entrevista, que en aquella época, la idea de dios le parecía inútil porque no explicaba nada y fue por eso que comenzó a leer literatura, para entender su mundo; leyó a Dostoyevski y Albert Camus entre muchos otros. Tras los tantos libros que devoró, a la edad de 17 años, esa chica maravillada de su propia inteligencia, escribió a mano una novela en un cuaderno suyo. Alguien le dijo que debería publicarla. Dos años más tarde Bonjour tristesse se volvería un hito de la literatura francesa; éxito librero que convirtió a la escritora en un personaje mitológico que todavía deslumbra. El manuscrito, que llegó al escritorio del editor René Julliard, junto con una nota de recomendación del mejor lector de la editorial, deviene en un suspiro un libro descomunal. De pronto esa chava de 19 años gana mucho dinero por las regalías de su libro, dinero que gasta en cenas, amigos y bohemia; un día compra un carro lujoso, lo conduce a alta velocidad y una tarde de 1957 se voltea en su Aston Martin cerca de París; ahí comienza la noche. El accidente es grave, con un pronostico reservado, marca un antes y un después en la vida de la escritora; la prensa, cámara en mano y siempre pendiente de su condición médica, aguarda afuera del hospital. “¡Françoise Sagan es el James Dine de la literatura francesa!”.
Sagan sobrevivió a su muerte de literatura; una muerte que la hubiese catapultado a la gloria de los escritores santos (como el mismo Camus, que ese año del 57 ganó el Premio Nobel de Literatura y en el 60 falleció tras un accidente automovilístico); desgraciadamente la joven Françoise resultó adicta a la morfina que había aliviado sus dolores por tantos huesos quebrados tras la volcadura. Dicen sus amigos que la literatura era lo único serio para esta mujer, de tal suerte que una vez recuperada, siguió escribiendo. Se manifestó a favor de la independencia de Argelia y fue íntima de Jean Paul Sartre y del presidente Miterrand. No tuvo remanso; llevaba un ritmo social intenso donde el alcohol era habitual y ella bebía hasta enfermar; también se drogaba; su campo de poder y de misterio fue siempre su cama. Mantuvo a toda costa su libertad sexual, aunque se casó dos veces y con su segundo esposo tuvo a su hijo Denis Westhoff, hoy un célebre fotógrafo y promotor de la obra de su madre. Su gran amor fue la modista Peggy Roche a quien conoció a principios de los 70s; pero cuando en 1991, Peggy falleció de cáncer, Sagan perdió toda su fortuna jugando en casinos y cayó en depresión. La incorregible novelista también generó una millonaria deuda al fisco. Murió pobre a los 69 años a causa de una embolia pulmonar en una clínica cercana a la casa que habitaba en Honfleur, Calvados.
El final de su vida prefirió pasarlo sola, aislada y en silencio. Su última entrevista la concedió en 2002. Luchó siempre contra la realidad moral impositiva, deseando, como muchos poetas, transfigurar al mundo con su imaginación, dirigirlo con sus leyes de literatura y su encanto personal. Una sobrina suya dijo que Françoise era como una niña de 10 años, que vivía dentro de una novela que ella iba escribiendo. Sagan publicó como diez novelas, cientos de artículos en la revista Elle, piezas de teatro, ensayos y tuvo decenas de cuadernos donde registraba a mano ideas y poemas. Su novela más famosa sigue siendo Bonjour tristesse. Título que está inspirado en un verso de Paul Éluard (1895-1952) poeta dadaísta, surrealista y comunista. El poema de Éluard se titula “Desfigurada apenas” y aparece en el libro, La vida inmediata (1932).
“À peine défigurée”
Paul Éluard
Adieu tristesse
Bonjour tristesse
Tu es inscrite dans les lignes du plafond
Tu es inscrite dans les yeux que j’aime
Tu n’es pas tout à fait la misère
Car les lèvres les plus pauvres te dénoncent
Par un sourire
Bonjour tristesse
Amour des corps aimables
Puissance de l’amour
Dont l’amabilité surgit
Comme un monstre sans corps
Tête désappointée
Tristesse beau visage.
Buenos días tristeza
Sagan tenía 19 años cuando apareció con gran escándalo y conmoción en la sociedad literaria francesa, su novela Bonjour tristesse, publicada por Julliard el año de 1954; obtuvo el Premio de la Crítica y Otto Preminger la hizo película en 1958. La novela fue un éxito total en términos editoriales. Más de un millón de ejemplares vendidos en un solo año; la tradujeron a 20 idiomas, España y Portugal prefirieron no tomarla en cuenta y el Vaticano la censuró. El libro rompió barreras, desterró mitos, escandalizó a la hipócrita sociedad. ¿Incitaba el libro a la rebelión? Françoise Sagan fue por un instante una Juana de Arco, una Louise Michel de la resistencia de las letras.
A pesar de que la crítica estuvo severa y la novela fue considerada inmoral, perversa o impertinente, en privado toda Francia leyó Bonjour tristesse. Lo que más me impresiona de esta historia, es la actitud con la que la escritora asumió su éxito y el torbellino social que le implicó convertirse en un fenómeno literario apenas en unas cuantas semanas. Sagan reaccionó muy inteligente, siempre detestó las poses que adoptaban los escritores y no se asumió como la gran literata, nunca hizo de Narciso en las entrevistas ni se prestó a petimetre de nadie. Por el contrario, fue irónica consigo misma y más de una vez sorprendió a los periodistas con sus respuestas ágiles, dignas, que defendían su mundo interior donde la soberana era solo ella. También observé que con frecuencia la prensa la interrogaba sobre su persona, metiéndose con sus decisiones; los entrevistadores deben haberse sentido con la autoridad para interpelarla sobre su vida privada únicamente porque ella era una mujer; Sagan fue elegante y evasiva en esos temas.
La novela implica una reivindicación práctica de la libertad de las mujeres con su sexualidad y su cuerpo, fuera del campo del matrimonio, sin pecado ni embarazo de por medio, posibilidad de la que no se hablaba dentro de las familias; por si fuera poco, la trama devela la facilidad con que una chiquilla muy lista puede manipular su entorno social para oponerse a la decisión masculina. Y quizá eso fue justo lo que no les gustó nada a los señoros, que no perdieron oportunidad para restar valor literario a la obra de Sagan.
De su modo saganezco de escribir me gusta que desnuda el interés, la doble cara de la sociedad francesa, pero siempre con palabras delicadas, con frases armónicas, párrafos auto conscientes y con reflexiones desafiantes; su texto está escrito con claridad y audacia; tú lo lees como si fuera agua, pero en realidad es un texto espeso como el asiento de un atole. En la novela, una adolescente burguesa narra en primera persona sus aventuras en una casa alquilada por su padre en el Mediterráneo; es una pequeña voz, pero amplificada porque es una voz inocente, lúcida, capaz de elaborar un complejo plan de maquinaria humana y es además una voz astuta, un poco malévola; es Cécile, de 17 años, huérfana de madre, que trama un plan tipo “relaciones peligrosas”, frente al nuevo orden moral que ya le impone, en plenas vacaciones Anne, la prometida de su padre. La trama se teje con la oposición de dos modos de vivir la vida: la levedad del ser feliz, que prefiere la frivolidad sin compromisos, frente a la rígida ética religiosa de la familia francesa de la época. El orden contra el caos. Con un final paradójico, en donde los hechos (que podrían considerarse trágicos) son simplemente una historia que permanece dentro del recuerdo y el sentimiento de Cécile, la novela termina por encantar. Parecería como que nada sucedió y sin embargo, sucedió todo. El trazo que lo demuestra es precisamente aquel al que ahora Cécile da nombre: la tristeza.
… “Es un sentimiento tan total, tan egoísta, que casi me produce vergüenza, cuando la tristeza siempre me ha parecido honrosa. No la conocía, tan sólo el tedio, el pesar, más raramente el remordimiento. Hoy, algo me envuelve como una seda, inquietante y dulce, separándome de los demás…
Entonces algo sube por mi interior y lo recibo llamándolo por su nombre, con los ojos cerrados: Buenos días, Tristeza”.
Bonjour tristesse (1954) fue una bacteria del movimiento del 68 y del feminismo que eclosionó algunos años después en aquel país. Pero han transcurrido 70 años desde la aparición de la novela. A mis ojos, Francia parece haber renunciado a las libertades que defendió en otra hora y su pulso ideológico se desplaza hoy a la extrema derecha. Desdichada postura desde donde, para mitigar su profundo miedo a la vida, las personas aceptan que todo en el mundo social sea previsible, jerárquico, belicista, racista o hasta de realidad artificial. Y sin embargo, hoy escriben incendiadas plumas como la de Virginie Despentes y la France sigue siendo un símbolo del origen mismo de la Revolución.
Sobre la escritora
Françoise Sagan, cuyo nombre de pila era Françoise Quoirez, nació en Cajarc, en la Occitanía francesa, el 21 de junio de 1935 y murió en la Normandía, el 24 de septiembre de 2004. Eligió como su apellido literario el de Sagan porque lo vio en un libro de Marcel Proust, “la princesa de Sagan”.
Sus novelas:
Bonjour tristesse (1954)
A certain sourire (1955) dedicada a su gran amiga Florence Malraux
Dans un mois, dans un an (1957)
Aimez-vous Brahms? (1959)
Les merveilleux nuages (1961)
La Chamade (1965)
Des bleus a l´ame (1972)
Le lie défait (1977)
Il fait beau jour et nuit (1978)
Les Quatre Coins du coeuer (2019)
Además, de ella se publicó pos mortem, Un certain regarde, su verdadera-falsa autobiografía, por L´HERNE, 2008.
Sagan escribió crónicas para la revista Elle de 1954 a 2003.
En 1964 publicó Toxique un relato sobre su accidente automovilístico.
Su hijo Denis Westhoff creó el premio literario, Françoise Sagan, en 2010.
Existe una gruesa cantidad de libros, artículos, tesis, películas, documentales sobre su vida y obra; no se diga las reseñas de esta novela, que se cuentan por miles; Sagan tiene varios biógrafos; recientemente una película producida por Babe Nation Films, se ha estrenado en Canadá en 2024, inspirada otra vez en Bonjour tristesse y con ese mismo título; Juliette Greco grabó una canción inspirada en esta novela.
Dos documentales que me gustaron y de los cuales obtuve algunos datos para alimentar esta reseña:
Françoise Sagan, la fureur de vivre, una película de 2012, producida en París por Magneto Press. Un documental de la serie un.jour-un:destin, con entrevistas a amistades y a su hijo Denis.
“Bonjour, Sagan” Culte et escandale, una película de Agar Films y CIE Arte France ARTE, 2022.
Un Libro sobre Françoise Sagan que me gustaría leer:
Sagan 1954, Anne Berest, Stock, 2014.
La fotografía es de Bert Hardy, fotógrafo inglés.