Reseña por Ana Claudia Molinari
“Busca la musa dentro de ti misma.
La voz que se encuentra enterrada debajo de ti,
desentiérrala.
No seas falsa ni trates de venderla por un aplauso,
ni para que te publiquen tu nombre.
Amor, Gloria”
Hablar en lenguas
Una carta a escritoras tercermundistas
Mayo de 1980.
Gloria Anzaldúa (Estados Unidos 1942-2004)
En esta carta que es también un manifiesto genial y transgresor como toda ella, Gloria Anzaldúa incita a las mujeres a escribir; y para eso habla de su propia escritura, de la que asegura es lo mismo que tomar un riesgo, el de desnudarse ante la hoja en blanco. Para la profesora y feminista chicana, la escritura es no pedir permiso, es desobedecer al orden opresor que siempre nos recuerda que no somos nadie para osar llamarnos escritoras. En cambio nos advierte, la escritura es hacer nuestro propio arte, para decir con rebeldía, para inventar la poesía, para tomar conciencia de quién soy y cuál mi historia; la escritura para vivir en el mito prehispánico y hablar en lenguas, para crear el “Mundo Zurdo” y traspasar la frontera; la escritura para saltar la tranca y descubrirme valiosa, única, fuerte y así vencer el miedo de no ser.
Leí boquiabierta la carta que Anzaldúa dedicó a “escritoras tercermundistas”, dentro del libro, This bridge called my back: writings by radical women of color. Una compilación de diversas autoras que Gloria editó en California (su casa después de dejar Texas) en colaboración con Cheríe Moraga, el año de 1981; más tarde, en 1988 fue traducida al español y publicada por Moraga junto con Ana Castillo y Norma Alarcón, como Esta puente mi espalda. Voces de mujeres tercermundistas en los Estados Unidos. Un extraordinario ramo de ensayos, cartas, testimonios, poemas y relatos que la academia clasificó como “Feminismo del Tercer Mundo”.
La carta posa preguntas como estas:
“¿Quién nos dio el permiso de realizar el acto de escribir?
¿Quién soy yo que pienso que puedo escribir?
¿Por qué luchan contra nosotras?
¿Por qué somos bestias peligrosas?
¿Por qué me siento tan obligada a escribir?”
La incendiaria misiva de la activista texana nos dota de su sabiduría práctica al ensayar sus respuestas:
“Cuando no puedas hacer nada más que escribir… Olvídate del “cuarto propio”, escribe en la cocina, enciérrate en el baño. Escribe en el autobús o mientras haces fila en el Departamento de Beneficio Social o en el trabajo durante la comida, entre dormir y estar despierta. Yo escribo hasta sentada en el excusado. No hay tiempos extendidos con la máquina de escribir a menos que seas rica o tengas un patrocinador (puede ser que ni tengas una máquina de escribir). Mientras lavas los pisos o la ropa escucha las palabras cantando en tu cuerpo. Cuando estés deprimida, enojada, herida, cuando la compasión y el amor te posean… escucha las palabras cantando en tu cuerpo.”
…
Sobre la necesidad de escribir, ella dijo:
“El tigre que cabalga sobre nuestras espaldas nunca nos deja solas. Pide que escribas constantemente hasta que empecemos a sentirnos que somos vampiras chupando la sangre de una experiencia demasiado fresca, que estamos chupando la sangre de la vida para darle de comer a la pluma.
Escribir es la cosa más arriesgada que he hecho y la más peligrosa. Porque tenemos miedo de lo que la escritura revela: los temores, los corajes, la fuerza de una mujer bajo una opresión triple o cuádruple. Pero en ese mero acto se encuentra nuestra sobrevivencia porque una mujer que escribe tiene poder. Y a una mujer de poder se le teme.”
Y por último, la carta que escribe la Prieta a otras prietas sus hermanas de pluma, nos invita a practicar una escritura sincera, amasada originalmente en el malestar de la injusticia con el único fin de encontrar y hacer salir la voz original y propia de cada una. Ella aconseja:
“No creas en el papel sino en tus entrañas, en tus tripas de tejido vivo -escritura orgánica- la llamo yo. Un poema trabaja para mí cuando el tema con el que empecé se metamorfosea alquímicamente en otro distinto, uno que se ha descubierto o destapado por el poema mismo. Trabaja cuando me sorprende, cuando dice algo que he reprimido o he fingido no saber. El sentido y el valor de mi escritura se miden por el riesgo que corro yo y la desnudez que logro.”
Reconozco en la carta de Gloria Anzaldúa la voz de mi ancestra literaria. No cabe duda que la fuerza viene de la empatía con los yotros. Me alegro de haber topado con su mensaje ahora, cuando necesito esas palabras, signos que ella conjugó y que son el código para entender este momento triste. Palabras para escapar de la persecución a les disidentes, de los drones impertinentes que cargan ojivas y se asoman por tu ventana; momento de genocidio contra Palestina, de antesala de guerra nuclear en la esquina y cabezas rodando por las calles de México. El momento luminoso de la muerte de mi padre.
Quiero contestar esa carta escrita hace 43 años, porque evidentemente me la tomo a personal, me siento interpelada por un llamado que acariña las ideas y la inteligencia; además, respondo al perfil de “escritora tercermundista”, o sea, soy una mujer que escribe con la mano izquierda sin los permisos correspondientes. Tras la lectura de su carta, yo siento que desentierro una voz negada en mi garganta y escribo con gozo este ensayo que ahora lees.
A nuestra poeta es imposible encontrarle etiquetas. La academia la explica como una iniciadora de la tercera ola del feminismo; el activismo reivindica el “movimiento macha”, la identidad chicana tiene en su obra un texto fundador, la literatura la encuentra maldita, los marginados del capitalismo retoman su metáfora de frontera, la sexualidad performativa la vuelve portadora de la semilla de lo queer.
Estimadas lectoras, esta vez me volé la barda, encontré una escritora imposible de reseñar con los instrumentos taxonómicos de los géneros. Gloria Anzaldúa es inconmensurable como el mar.
Su libro emblemático en tanto obra artística es Borderlands / La Frontera : The new mestiza, publicado en California, 1987.
En 2016 sale a luz una maravillosa traducción al castellano, Borderlands La Frontera. La nueva mestiza, por la editorial española Capitán Swing. Un libro que no tiene desperdicio, incluye una Introducción de Sonia Saldivar Hull y una interesante entrevista a la autora realizada por Karin Ikas, la traducción es de Carmen Valle Simón.
Se trata de un libro de cabecera para cualquier aprendiz de escritore. Además de varios poemarios y poemas incluso de otros autores, en Borderlands confluyen los datos de la historia de México, la mitología mexica y transcultural que la también catedrática universitaria recrea en un relato original; encontramos la alternancia de las lenguas: inglés, español y náhuatl, una teoría feminista que ella inventa tras sus vivencias en los campos agrícolas de Texas, su propia biografía, su cosmología tan peculiar y la perspectiva de ser curandera y poderosa. No es que La nueva mestiza sea muchos textos en uno sino que además ¡es tantos libros en cada hoja!
Su manera de entender “la frontera” me resultó muy interesante. Todas sus coordenadas convergen en el hecho histórico. La pérdida del territorio mexicano a manos del gobierno de los EEUU, ocurrida tras la guerra entre ambos países y el acuerdo llamado acá “Tratado de Guadalupe Hidalgo”, firmado en febrero de 1848, por medio del cual México cedió a EEUU casi dos millones de kilómetros cuadrados de terreno y aquel país trazó una línea limítrofe de más de 2 mil kilómetros de largo. Una frontera siempre en disputa que hoy se contamina de muros gigantescos y nuevamente de grupos armados.
Gloria Anzaldúa es muchas almas en un cuerpo. Su voz es la del apache al que su casa le fue serruchada en pos del progreso. Voz que se rebela a todo mandato, a toda cultura y ¡sale a escape! Ella proclama el grito de los indios Cochise a los que la colonización americana desapareció y aun así sobrevivieron. Todavía más, la de Gloria es la voz heredada del agravio, digna, insolente, lesbiana, orgullosa voz consciente de haber refutado la idea de casarse o de tener hijos; que escribió literatura para niñas, convencida que cuando seamos una “mujer mestiza”, sabremos darnos cuenta del valor de nuestras vidas y dejaremos de ser esclavas.
Su concepto de frontera ha sido interpretado en múltiples artículos o conferencias como una metáfora que puede emplearse para leer realidades diversas en diferentes regiones del mundo subalterno. Sin embargo, para esta activista, la frontera, además de un símbolo, es el dolor del rasguño del alambre de púas, es el muro que separa el mundo entre un primero y un tercero; es la “herida abierta” que divide a EEUU de México, un “no lugar” donde las avionetas esparcen una lluvia plaguicida sobre cultivos y gente fronteriza como ella. La de Anzaldúa es una frontera resultado de una historia real, de una guerra por territorio; es algo que le ocurrió a su familia: los partió en dos y los marcó al rojo vivo para sangrar eternamente. “Los Anzaldua sin acento y los Anzaldúa con acento que quedaron del otro lado”.
Ella dice “Soy estadounidense de séptima generación”, o sea su identidad se forma con la primera marca de la modernidad. Pero en su conciencia, la historia empieza milenios antes, con el asentamiento indígena en esos territorios de Texas-Tamaulipas y vuelve a empezar con el éxodo de peregrinos de la mítica ciudad norteña de Aztlán, que llega hasta la fundación de la gran Tenochtitlan en el Valle de México durante el siglo XII; se detiene entonces en la vergüenza original de ser “indias traidoras” como se suele ver a La Malinche; recupera para su relato la mitología mesoamericana y la memoria del trauma que representó la conquista de España en el momento del primer contacto con los mexicanos a principios del siglo XVI.
Ante tal torbellino de ideas, el enfoque académico que analiza su obra se queda corto y no llega a entender este aspecto histórico, local, corporal, sensorial y quemante que implica el complejo concepto de frontera en Gloria Anzaldúa. A ver, porque no es que «el fronterizo» llegó de repente y sufrió la discriminación. No. La frontera es algo que se le impone y mata al que ya estaba ahí.
Su libro sugiere así una veredita para esquivar los conflictos irresolubles implicados en la historia chicana: los conceptos de la New Mestiza y el del Mundo Zurdo. Que sugieren el entendimiento entre les diversos en un espacio exterior, fuera de los límites del sistema, con el fin de desactivar ese sistema en mí. De la letra para una canción que Anzaldúa tituló Arriba mi gente, algunos párrafos que dan cuenta de esta propuesta:
“Mi gente despierta,
limpia la Madre Tierra.
Hijas de la chingada
nacidas de india violada,
guerrilleras divinas
mujeres de fuego ardiente
que dan luz a la noche oscura
dan lumbre al Mundo Zurdo.
…
En espíritu unida toda la gente se alce.
…
En esta noche zurda, mi vida,
mirar, nuestras trescientas luces
y ver la llama morada la lumbre del Mundo Zurdo.”
Incluyo también un ejemplo más del grito levantisco de la autora, el ultimo párrafo de su poema No se raje chicanita que dice así:
“Sí, se me hace que en unos cuantos años o siglos
la Raza se levantará,
lengua intacta cargando lo mejor de todas las culturas.
Esa víbora dormida, la rebeldía, saltará.
Como cuervo viejo caerá la esclavitud de obedecer, de callar, de aceptar.
Como víboras relampagueando nos moveremos, mujercita. ¡Ya verás!»
Finalmente fragmentos del poema Canción de la diosa de la noche, también incluido en su libro La nueva mestiza.
…
No quiero estar aislada
pero nadie ve la marca en mi frente
salvo tú y los pocos que me miran a la cara.
…
Estoy loca pero elijo esta locura.
El dios está desquiciado.
Nos guarda rencor a mí y todos los cuerpos.
Él rechaza lo oscuro dentro de la llama.
En cuanto a mí,
renuncio a mi parentesco con el todo
y con todas sus partes,
renuncio a mi vasallaje a la naturaleza.
Un cuervo negro grazna tres veces.
Sin hacer sombra,
despierto de la borrachera
sujetando mi propia mano.
Vestida en piel de pantera,
hago sonar los enloquecedores cimbales.
…
La memoria prende como petate
el tiempo que llené el cielo.
La separación trajo la muerte.
Ahora, tamborileo sobre el cadáver del mundo
creando crisis para recordar mi nombre.
La suciedad que regalas a Satán
… cuando danzo sale a borbotón como canción.
Busco a la diosa oscura asombrosa.
Enamorada de mi propia clase,
te conozco y te espiritizo.
Todos los demás huyen de mí.
Pulo los viejos arañazos del hueso.
Con cuchillo de pedernal,
hago nuestras muescas.
No dejo que la luna sangre
ni que el sol se ponga negro.
Pero el agua se escurre en la tierra.
El terror se apodera de mí.
La mano cálida de la Muerte sobre mí.
Noche, despliega tus alas
y cúbreme con tu largo cabello.
Acerca tu pecho a mi boca
y nunca me dejes.
Con cánticos rompo el hechizo,
disperso a los vigías de las puertas.
Despierto a los dormidos.
Con el puño rasgo un agujero en el muro:
entran los vientos a toda prisa,
ya no soy más la puerta.
Tú eres la puerta.
El abajo hondo, el arriba hondo.
Las aguas se desbordan.
Inicia donde termina,
desciende a la tierra negra,
oscuro limo primigenio,
ya no me es repelente, ni me limita.
Los cuatro vientos
el fuego suelda astilla con astilla.
Encuentro a mis espíritus aliados.
La luna eclipsa al sol.
La diosa nos eleva.
Vestimos el manto emplumado
y cambiamos nuestro sino.
Fotografía de Gloria Anzaldúa
The New York Public Library Digital Collections
digitalcollections.nypl. org