Descolonizar la memoria descolonizar los feminismos de Adriana Guzmán Arroyo

Adriana Guzmán Arroyo
Mujata Tarpuna Editorial y Feminismo Comunitario Antipatriarcal, La Paz, Bolivia, 2019. (primera edición 2014, en co autoría).

Reseña por Ana Claudia Molinari


“No somos ilustradas, ni modernas ciudadanas, no queremos el llamado progreso ni el desarrollo; queremos acabar con el patriarcado capitalista, neoliberal y colonial.
¡Queremos la comunidad!”

“Las luchas no son propiedad privada, las palabras tampoco, el feminismo no nació en Francia, nació y nacerá en todo territorio donde enfrentemos el sistema patriarcal de muerte, las palabras no se privatizan, los sentidos se construyen y se disputan, eso también es autonomía, eso es descolonizar nuestros cuerpos y nuestros pensamientos, por eso nombramos y ponemos en palabras esta lucha.”

Adriana Guzmán Arroyo

En este poco convencional libro que encontramos en la web, Descolonizar la memoria descolonizar los feminismos (2019), escrito por Adriana Guzmán Arroyo, se traza una memoria, una peculiar y entusiasta gráfica del feminismo comunitario antipatriarcal en Bolivia. Un movimiento de mujeres indígenas, desobedientes y lesbianas; una revolución que para entenderse así misma y dar cuenta de su potencialidad, necesitó de una teoría y la construyó. Así que este libro es a la vez muchos textos. De entrada es una crítica a aquel feminismo (académico, europocéntrico, individualista, oenegenero) que no cuestiona el orden sino tan solo su posición en ese orden. Es también el manifiesto de una revuelta cotidiana que crea su identidad política, que se nombra a sí misma y se expresa en las calles, en los caminos, en el acompañamiento y la reunión sagrada. Una necesidad de escribir su propia historia. Es la lucha por sus vidas, que son las vidas de los pueblos, las vidas de sus wawas y de la tierra entera.

Guzmán disputa con gran elocuencia el significado de la palabra feminismo. Crea su concepto para con él construir una teoría autocrítica de la comunidad. Entendiendo las relaciones sociales siempre dentro de un campo de poder y denunciando la violencia estructural sobre los cuerpos de las mujeres. Por eso me gusta su perspectiva, porque no lo enfoca como una demanda de empoderamiento o del derecho al voto, al puesto, al placer o al arte. La pensadora declara que la lucha no es para alcanzar el poder o los anhelados derechos, que al final solo ejercerán las más privilegiadas, sino para desmantelar y diluir el poder. En todo caso, Adriana cuestiona al sistema y reivindica “la autonomía epistémica” para pensarnos como subalternas, explicar las opresiones a las que estamos sujetas y plantear otra manera de ser y relacionarnos entre las personas: la dimensión comunitaria, una relación que es colectiva y horizontal, que es creativa y no belicosa, que es la herencia de los pueblos indígenas frente a la avaricia de las sociedades de mercado. Hoy día Bolivia se quema y el despojo acecha, la organización de las mujeres es más necesaria que nunca.

En su libro, Guzmán afirma con fina ironía que el feminismo no nació en Francia sino que está naciendo cada vez, en tanto que es una herramienta que se forja en la insurgencia misma. Aunque hay de feminismos a feminismos. Ella distingue entre feminismos sistémicos, que “tributan al patriarcado con su colonialismo, heterocentrismo y despolitización” y los feminismos no sistémicos. O sea, no solo va de luchar por mejoras en el campo del género femenino: la mentada “equidad de género”. La autora nos advierte que se trata de no caer en la trampa de la clasificación por géneros, mejor aun sería dejarla atrás. Porque lo importante no es la separación de identidades sino la construcción de una identidad comunitaria para la cooperación y contra la ganancia. Junto a los hombres y no contra ellos.

“… La comunidad como proyecto político, como horizonte de posibilidades, como utopía que se construye… que no parte de los derechos sino del respeto y la responsabilidad con la vida… la comunidad como autoorganización y autodeterminación… como forma de vida de la humanidad en tanto parte de la naturaleza.”

Descolonizar los feminismos resultó una aportación magistral para el conocimiento y práctica de los movimientos. Ha inspirado la puesta en marcha y la teorización de lo que somos cuando nos rebelamos. Ha dislocado el paradigma del líder carismático al proponer la organización comunitaria donde el género y la jerarquía no tienen lugar.

Entonces pienso, de acuerdo, venimos de la izquierda latinoamericana, pero el Che Guevara como ícono del proyecto de cambiar el mundo es necesariamente trascendido por la insurgencia feminista. El Che representa hoy a un ancestro. Y nosotras como personas en contrapoder no queremos seguir reproduciendo el machismo leninismo. En este aspecto encuentro que actuamos diferente las mujeres: mientras muchas de nosotras dejamos atrás la lógica de la “izquierda revolucionaria”, otros hombres de la lucha siguen cultivando su religión patriarcal de comandante Castro y aún se portan en la calle como el Che y en su casa como Pinochet. Y claro que fue trascendente la revolución cubana, nos queda su emotiva memoria, pero hoy está superada porque en Cuba, Nicaragua, Venezuela o México, priva la lógica de los cacicazgos. En este sentido, las tácticas de las madres de la Plaza de Mayo tendrían que ser parte de nuestro aprendizaje, para saber escapar de la persecución que se nos viene y resistir en el tiempo; ellas, las madres, no estaban del lado de los militares, los izquierdistas de hoy sí lo están. Y es cuando el libro que aquí reseño resulta otra vez importante porque aporta las ideas para imaginar otra manera de saltar el torniquete, esa mirada indígena, disidente y feminista a la vez, donde el egoísmo, la competencia y el dinero no son lo más importante.

Todes y todoas vivimos engranados al sistema por los pensamientos, por la violencia que nos somete y por la sumisión a ella. Es la ideología la que nos proporciona las retóricas y los discursos con los que nos identificamos; la gente simplemente repite con pretendido tinte original lo que aprendió a decir: nos contamos el mismo cuento en cada régimen y en cualquier caso, lo hacemos para justificar la desigualdad y la injusticia. De tal suerte, si hacemos lo que Guzmán propone en su libro y descolonizamos la memoria y escribimos nuestra historia sin prejuicios occidentales, quizá logremos realizar diversas codificaciones del mismo hecho y ser más auténticas y de paso hacernos responsables de nuestra sobrevivencia común.


Adriana Guzmán Arroyo nació en La Paz, Bolivia en el siglo XX. Escritora de textos y escribana de encuentros (políticos) con mujeres. Es una teórica aimara que comenzó su rebelión cuando participó en la lucha contra la “Masacre del gas” (2003) en su país; es profesora, madre, lesbiana y feministacomunitaria (una sola palabra); su siempre interesante relato y su identidad van recorriendo y acompañando el caminar de otras mujeres en Abya Yala. Su voz habla de tejer redes, tramas, historias o auto biografías, de hacer comunidad.

Aquí algunas de las “pintadas” que hicieron en las calles de La Paz las bolivianas del grupo Mujeres Creando, donde Guzmán participó en los años 90s :

“De tanto hacerte la cena de tanto hacerte la cama, de hacerte el amor se me fueron las ganas”

“Detrás de una mujer feliz hay un machista abandonado”

“Si tu matrimonio es una condena tira de la cadena”

Retrato de Adriana por Diany Sánchez, REDCCAL

2 comentarios sobre “Descolonizar la memoria descolonizar los feminismos de Adriana Guzmán Arroyo”

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