Reseña de Ana Claudia Molinari
“ … En más de una ocasión me ha parecido estar anotando el futuro… Después de Chernóbil ingresamos en un mundo opaco en el que el mal no da explicación alguna e ignora toda ley… Un mundo conocido convertido en desconocido porque nuestros sensores biológicos diseñados para ver, oír o palpar, no pueden detectar la radiación que no se ve, ni tiene olor ni sonido. El mundo antes amistoso ahora infunde pavor. ”
Svetlana Alexiévich
Voces de Chernóbil Crónica del futuro
Svetlana Alexiévich (Ucrania 1948) es una periodista bielorrusa y una multipremiada escritora, que investiga, según sus propias palabras, “la vida cotidiana del alma” . Publicó en 1997 un libro titulado Tchernobylskaia Molitva. La versión que tengo en mis manos es una traducción al español de Ricardo San Vicente, editada por Debate de Penguin Random House, en 2015. Es un ejemplar de difusión que me llegó azarosamente, se llama Voces de Chernóbil. Crónica del futuro, un tabique hecho con papel ligero que no tiene desperdicio. Ya lo he subrayado y llenado de comentarios al margen.
La lectura de esta Crónica del futuro, detonó en mi persona el «efecto Chernóbil». Esto es, la percepción de una ruptura en el tiempo, la anulación de la posibilidad de un futuro a causa de una catástrofe; el miedo a la irreparable intoxicación radioactiva del medio ambiente (ya sea por un accidente en una planta nuclear o bien por causa de la tercera guerra mundial, que los planificadores del odio y los muros se interesan en declarar por estos días). Y luego, la obligada búsqueda de una filosofía desconocida, para explicarnos el fin de la civilización a causa de su corrupto manejo del conocimiento del átomo.
¿De qué trata este libro? ¿Acaso podemos leerlo y luego olvidarnos de todo lo que ahí decía? ¿Abordar su contenido como una mera anécdota de gente desgraciada que tuvo que enfrentar un accidente nuclear en un país gigante y en declive ? Svetlana siendo escritora, no sabía cómo escribir el libro sobre la vida en Chernóbil tras la explosión. Antes de publicarlo escribió durante diez años acerca de la gente de la región. Un trágico accidente imprudencial ocurrido en abril de 1986, en un reactor nuclear de la súper planta para generar energía eléctrica, instalada en los límites entre Ucrania y Bielorrusia, en la antigua URSS. Explosión que provocó un incendio que a su vez, derritió el edificio del cuarto reactor e hizo posible la filtración al ambiente de una nube radioactiva, con un costo social y económico enorme. Hay quien afirma que Chernóbil precipitaría el fin de la Unión Soviética tres años más tarde. Y como lo asegura nuestra autora, Chernóbil es, definitivamente, el inicio de la Era de las catástrofes.
Alexievich se descubre parte de esta historia y por eso la escribe. Es una obra magistral. Será la memoria colectiva de los soviéticos, de la gente de Chernóbil y de la humanidad entera. Redactada con cuidado, con atención de las voces que escucha y registra, con respeto en la mirada. Un testimonial en cascada tejido con el mejor oficio de la investigación sobre terreno y las dotes de una escritora sabia.
En una entrevista que vi en Youtube, la periodista mencionó que desde niña ya sabía que sería escritora y respondió así a la pregunta de si requiere separarse de los temas que abordó después de publicar. Me gustó lo que ella contestó.
“Escribo sobre temas que afectan mi propia vida, cómo puedo dejar de pensar sobre lo que me han contado, lo que he visto. Para preparar mis textos no basta con hacer preguntas a la gente, hacen falta ladrillos para construir el edificio, tejer con miles de hilos. Un relato no puede surgir de una sola conversación. Yo medito sobre lo que hemos comentado y vuelvo a ver a la persona. Es un trabajo infinito. Hoy podría reescribir todos mis libros. Luego no puedo apartar estas historias de mi vida porque todo esto me preocupa, porque la vida nos hace preguntas y no puedo decir -lo sé todo, he entendido la guerra y la persona-. Las historias me torturan, aparecen en otros libros. Si eres un escritor honesto esto es normal. Yo escribo porque quiero entender, no para ganar el premio Nobel de Literatura.”
Y por cierto, el trabajo de esta autora no solo es literatura o dicho de otra manera, es una literatura TOTAL si la entendemos como la síntesis de todos los saberes. En sus libros despliega una manera hermosa de decir algo en primera persona sobre el amor y la muerte, sobre el sufrimiento y la realidad, sobre el temple del pueblo y el carácter soviético; es un dispositivo literario que guarda la memoria histórica, la experiencia de la guerra y de la tragedia, pero también el asombro y la fuerza de la vida que quiere vivir. Es una revancha artística lo de Alexiévich, una metáfora de hacer justicia a los sin voz.
Ella teclea desde la cocina. La patria chica donde se reunían los rusos a comer y discutir los asuntos políticos, las desgracias y las alegrías. Al menos en sus libros, la autora no es pro soviética pero tampoco es pro capitalista. Realmente está enfocando al ciudadano protagonista del microcosmos. No dejo de observar que es Occidente quien la premia y la distingue como escritora con un fin político: la crítica contra Rusia. Pero su escritura atrapa por sincera, por traducir al lector el murmullo sinfónico de las cocineras.
Svetlana se definió a sí misma como una “mujer- oreja”, que luego escribe desaforadamente todo aquello que escucha. Está en favor del amor, no defiende ningún poder. Va más allá de la ideología, de la defensa o la crítica de los hombres líderes o del orden económico. Aunque en otra entrevista reciente que vi que le hacen en España, noté su postura nada neutral en pro de Ucrania guerrera frente a Rusia invasora (ya saben). Y me quedé pensando, por qué las personas podemos tener claridad para ciertas opresiones y hasta nos rebelamos, pero estar ciegos frente a otras formas de dominación que además, aceptamos como legítimas.
Gracias a que fue ganadora del Premio Nobel de Literatura en 2015, la obra de Svetlana Alexiévich, escrita originalmente en ruso, se ha traducido a más idiomas y podemos leer de ella, impresionantes textos como, El fin del Homo soviéticus (2013), La guerra no tiene rostro de mujer (1985), Los muchachos del zinc (1989). Todos ellos nacidos en el contexto sociopolítico de la Perestroika y herederos de la tradición rusa de una literatura social.
Voces de Chernóbil ha resultado para mí un libro tan perturbador como necesario. Lo mismo que la manzana para Adán, o el nacimiento de Cristo. Su lectura te provoca la sensación de una caída de veinte. No sé si seré pretenciosa al decir que la obra de Alexiévich movió mi conciencia a otro lugar, ahora pienso distinto. Antes de leer este libro yo tenía alguna suerte de fe en la poesía, ahora comprendo que lo único que la humanidad encontrará por delante es un invierno largo y helado y que la palabra florida no va a detener esa debacle que viene. Ya se siente la muerte a la vuelta de la esquina.
Lo bueno es que entre las Voces de Chernóbil hay también un relato del amor y la sobrevivencia del que podemos aprender. Sí. En este libro vamos a encontrar más de 40 voces compartiendo su palabra personal y su experiencia. Habitantes, esposas de bomberos, enfermos de cáncer, mujeres enamoradas, evacuados, liquidadores, científicos, físicos nucleares, profesores, niños… y algo que se filtra en los testimonios es la experiencia de la comunidad humana, una tela que se teje entre los afectados, la vivencia encantadora de la ternura frente a la desgracia más aterradora. La reflexión desesperada acerca de cómo sobrevivir en un mundo intoxicado. Y es por eso tan valioso este testimonial de la investigadora Alexiévich, porque ensaya respuestas profundas. No es que sea recomendable la lectura activa de este libro. Es que es imprescindible.
una reseña que no deja de otra más que hacerse del libro y leerlo. Muchas gracias hoy se que hay palabras de otra índole y que vale la pena leerlas.
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Me han gustado las reseñas, Tanto de «Voces de Chernovil» como «Teoría King Kong» invitan a buscar estos libros de inmediato.
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¡Me encanta el blog, Clau! Va tomando forma con cada entrada, sugerente por la sugerencia misma, pero también por tu mirada narrativa. ¡Felicidades!
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