por Ana Claudia Molinari
“De alguna manera entiendo la escritura como ese movimiento de ponerse y sacarse un parche. De hacer funcionar la estratagema. Y de hacerlo sin inocencia, con una sensación, a veces hasta sucia de estar metiendo la vida en la literatura, peor, de estar metiendo la literatura en la vida”.
Huaco retrato de Gabriela Wiener.
He leído una novela formidable de la artista peruana Gabriela Wiener (Lima, 1975), publicada en 2021 por Literatura Random House, Huaco retrato. Me topé con esta novela mientras me documentaba sobre el transgénero de la autoficción. Es encantadora, interesante y muy recomendable si buscas cuestionarte sobre tu identidad histórica. Escrita por una periodista latinoamericana que también ha hecho teatro, poesía, ensayo, ha sido columnista en importantes periódicos y revistas y que actualmente dirige el sello Yegua de Troya de la empresa editorial Penguin Random House.
De Huaco retrato:
“No sé cómo voy a contarles esto pero lo haré. Se me acaba el tiempo para viajar de la muerte a la vida. Así como llegué demasiado tarde, un día desaparecí. Ser migrante también es vivir una doble vida, es vivir con un parche en el ojo. Ese suspender una de ellas para ser funcional en la otra. Superar el duelo, eso es lo que toca, tomar un avión e irme del duelo. Para afrontar otro duelo y encadenar esta pena al desconcierto”.
En Wiener descubrí una escritora que relata su entorno inmediato con todas las palabras meditadas y en un continuo ejercicio de controversar al poder. Ella se inspira en su experiencia personal para tejer grandes historias en momentos clave de ruptura o incertidumbre; definitivamente confía en lo que hace y nos da a leer algo a lo que nos volvemos adictos. Sus narraciones son también resultado de una indagación sobre sí misma en tanto confrontadora de la sociedad; un soliloquio resultado de hacerse muchas preguntas, de sentir el deseo y la incomodidad en su piel. Al mismo tiempo es evidente que la peruana realiza un trabajo con maestría en las técnicas literarias que trasluce su gusto por la vida y por habitar y conocer el mundo a través de su cuerpo. Lo que en sí mismo es un acto grafoerótico.
La escritora ha declarado en entrevistas recientes que lo que quiere hacer ahora es no ficcionar. “La no ficción es mi hábitat natural”. Afirma. “Es la escritura de la experiencia”. “La no ficción es la historia de muchos, no de uno”. “Es verbalizar lo que estaba callado”. “Es el pensamiento con estilo”.
Huaco retrato ha sido traducida al menos al inglés, al italiano, al francés y al polaco; una novela de gran impacto en la sociedad peruana y latinoamericana por su manera de encarar temas como la migración, la paternidad, el abandono, la reivindicación de la mujer y de las abuelas, la valía del poliamor como una manera de no acatar el orden establecido; o bien el dedo en la yaga de la identidad escindida de toda sociedad colonizada a causa del racismo.
La literatura como un modo de interpelar a las personas en su querer ser. Me gusta que la obra problematiza la vida cotidiana de una chica cualquiera, una viajera del Perú a España y de España al Perú, una hija de intelectuales limeños, una voz consciente del mundo que habita, que va relatando su día a día entre el duelo por la muerte de su padre, así como su interesante relación imaginaria con su tatarabuelo, el explorador austriaco-francés Charles Wiener. Es un relato de familia que va en busca de Wiener y encuentra a María Rodríguez para descubrir que María no tiene historia. Es el relato de una escritora que es huaco y es huaquera a la vez. Una novela de chava sudaka muy atractiva también por su manejo excelso del idioma y del saber decir.
En esta novela Wiener Bravo establece su método y crea la voz del personaje que lleva su nombre; Gabriela Wiener, alter ego de la autora. La historia comienza con una joven y explosiva escritora peruana, que se mira reflejada en las vitrinas de una sala del Musée du Que Branly, en París. Se pregunta si realmente es la tataranieta del explorador que a finales del siglo XIX extrajo de la región de la costa norte del Perú centenas de vasijas prehispánicas llamadas popularmente, huaco retrato, con la finalidad de hacerlas exponer en el Viejo Mundo. Su tataranieta lo considera con el calificativo de huaquero, es decir un saqueador de piezas arqueológicas. Todavía más bronca. La novela cuestiona con conceptos feministas las relaciones sociales en las que el mandato es vertical y patriarcal.
Se ha calificado la obra de Wiener como exhibicionista, lo que me parece una crítica superficial y machista. Su literatura es performática. Ella lo explica en sus entrevistas, su escritura, sus temas, su manera de abordar y crear literatura implican siempre, “poner el cuerpo”. “Encarnar lo que vas a contar”. “Mostrar una vulnerabilidad”. Sus textos contagian vitalidad, eso me gusta. Y me identifico con la voz que narra, me da un aire de familia. Es una escritura fresca, espontánea, desprejuiciada, que declara la existencia de una mujer, una manera de ser mujer que no se parece al estereotipo de sumisa y abnegada. Por el contrario, la voz de Gabriela Wiener se jacta de conquistar una palabra, una manera de escribir.
De Huaco retrato:
“Hay algo en esta mezcla perversa de huaquero y huaco que corre por mis venas, algo que me desdobla”.
Wiener, una de las escritoras más potentes del Perú, dijo en una entrevista a propósito de la publicación de Huaco retrato, que se trata de una novela de esencia híbrida, con cercanía a la novela de duelo, o a una novela histórica. En todo caso, el texto ha suscitado interés y polémica porque implica un debate sobre la ambivalencia de la identidad peruana, el significado social del hecho de provenir de una “familia bastarda”, la sobre valoración del padre y la minusvalía social de la madre. Quizá lo que nos atrapa es que la protagonista da cuenta de su vida íntima, que ella misma define como poliamorosa, en la que comparte su vida con un esposo poeta y una mujer música en una cama enorme en Madrid. Una familia linda y disidente que además tiene una hija y a la que la protagonista simplemente y sin planearlo, un día de duelo, le pone el cuerno. “Escribo desde esto que encarno”. Dice. “Es una escritura fronteriza”, lo que me remite a Gloria Anzaldúa. “Soy una provocadora”. “No me preocupa en qué género literario escribo”. “Me siento degenerada”, evoca a Lemebel.
La Wiener empezó escribiendo sobre sexo, publicó en 2008 un libro titulado Sexografías, relatos que van por el versátil mundo de las sexualidades, prologado por Camila Sosa Villada. Su literatura es parte de ese movimiento de escritoras que hacen autoficción y también no ficción y que ha ido en auge desde la segunda mitad del siglo XX. En un programa a cargo del Museo del Chopo, en la Ciudad de México, transmitido en 2025, la escritora peruana dijo que su escritura no es “una tontería posmoderna”, como alguno críticos han afirmado, sino una escritura que ha brotado de una conciencia política desde el cuerpo. “Yo hago hablar esas marcas en el cuerpo, la memoria de la piel. Lo importante es saber contar bien, aunque te tachen de ombliguista”. La también poeta promueve el concepto de “poner el cuerpo”. Porque es su manera personal de producir la escritura, generando ella misma las situaciones, haciendo periodismo gonzo, describiendo desde dentro y justo con el cuerpo como protagonista. Gabriela Wiener lo llama “Escritura de la experiencia”. Sin miedo a mostrar sus contradicciones y apareciendo como un personaje vulnerable. “La fragilidad revelada es la mirada nueva con la que el lector se identifica.” “La crónica en primera persona es una posición política.” “¿Y qué contamos? Se pregunta. “La ruptura”.
La autoficción no es meramente un tema de vanidad o egocentrismo en las letras, es más bien arte de su tiempo. Cuando es auténtica, como lo es la obra de Wiener, no está escrita así por moda de temporada sino por predisposición anímica. Mi hipótesis es que una escritora escribe autoficción por necesidad, la de literaturizar su experiencia. De ese modo puede aceptar que ella no cabe en su cuerpo, entender que debe reducir a signos la vida para que nazca la literatura y ella encuentre así su dimensión. La autoficción también implica conciencia del yo, de la existencia personal que se pone en crisis. Tener un nombre y haberlo perdido, por ejemplo; ser mujer que no acepta su rol; dejar su país; traicionar una promesa; gestar la vida; sentir la orfandad; sobrevivir a un crimen o experimentar la conciencia de ser.
Al tomar la palabra, al ser protagonista, el yo se reivindica, se autoconstituye por medio del lenguaje en un ser que se autodenomina y legitima su existencia. Eso es quizá uno de los motivos por el que muchas mujeres crean literatura con este recurso, lo hacen montón de escritoras de nuestro tiempo, lo hace magistralmente Gabriela Wiener, que no necesita otra voz que la nombre.
Si bien eso que llaman la literatura del yo, podría ser una deriva de la autoficción, es importante no confundirlas por que no son sinónimo. Mientras que la autoficción es una manifestación literaria de la voz nueva y sorprendida de muchas mujeres, la literatura del yo es una escritura descafeinada. Es sobre todo un producto comercial, popular, ligado a las redes sociales y a figuras de fama con miles de likes. El bloguero Malasombra dijo de la literatura del yo, que ésta es “un producto editorial que se vende bien, que es terapia colectiva y auto ayuda milenial”. La obra de Gabriela Wiener es muy otra. Este tipo de tipologías le son irrelevantes porque la voz del yo que la autora construye habla de la complejidad de esta vida. Interroga al acontecimiento y trasciende así lo estrecho que suele ser el yo.
De Huaco retrato:
“Mi cara es muy parecida a la de un huaco retrato. Cada vez que me lo dicen me imagino a Charles moviendo el pincel sobre mis párpados para quitarme el polvo y calcular el año en que fui modelada. Un huaco puede ser cualquier pieza de cerámica prehispánica hecha a mano, de formas y estilos diversos, pintadas con delicadeza. Puede ser un elemento decorativo, parte de un ritual y ofrenda en un sepulcro. Los huacos se llaman así porque fueron encontrados en los templos sagrados llamados huacas, enterrados junto a gente importante. Pueden representar animales, armas o alimentos. Pero de todos los huacos, el huaco retrato es el más interesante. Un huaco retrato es la foto carnet prehispánica. La imagen de un rostro indígena tan realista que animarnos a verlo es para muchos como mirarnos en el espejo roto de los siglos…
Son las series de televisión de la antigüedad. La especialidad de los moches son las esculturas de dioses degolladores y los huacos eróticos son su cine porno, el kamasutra andino. Follar y cortar cabezas, no hay mucho más en esta vida. Mi abuelo Félix, el padre de mi mamá, nació en esa zona, al norte de la costa peruana. Por eso la primera vez que le enseñé a mi novia española la serie de huacos eróticos creyó verme en todas las mujeres de barro que tragan penes más grandes que sus cuerpos, gozan a cuatro patas y paren niños”.
En la novela de Wiener, los huacos son símbolos de prehispanidad, objetos de una temporalidad mítica, de una civilización finalmente colonizada por Occidente que nos antecedió y nos da origen. Me dio curiosidad saber la fecha precisa en la que fueron creados los huaco retratos y encontré (fuera de la novela) que la arqueología data a estas estatuillas, creadas por artistas prehispánicos e incluso preincaicos, entre los años 100 y 700 de nuestra era. Es decir que, en tiempos mesoamericanos, la creación de huaco retratos ocurrió en el periodo Clásico, cuando están en una cúspide de civilización los países mayas en Centroamérica y la ciudad de Teotihuacán en el altiplano mexicano.
Gabriela Wiener es escritora y periodista nacida en Lima, en 1975. Desde el 2003 vive en España donde comenzó estudiando en la Universidad de Barcelona. La artista se autodefine como: escritora mestiza, poliamorosa, migrante, madre, disidente de género, contraria al mundo burgués masculinizado. Parte de su obra literaria es autobiográfica y casi toda ha sido publicada por Random House. Escribe crónica, autoficción, poesía, testimonio, teatro. Actualmente se enfoca en la escritura de no ficción. En 2018 recibió el Premio Nacional de Periodismo de su país.
Sus libros:
Sexografías, 2008
Nuevas lunas Viaje alucinado a la maternidad, 2009 (novela)
Llamada perdida, 2014
Ejercicio para el endurecimiento del espíritu, 2014 (poesía)
Dicen de mí, 2018
Huaco retrato, 2021 (novela)
Qué locura enamorarme yo de ti, 2022 (teatro)
Una pequeña fiesta llamada eternidad, 2023 (poesía)
Atusparia, 2024 (novela)
Dejo aquí frases que me gustaron y que Gabriela Wiener dijo en las entrevistas alojadas en sitios de la web.
«Soy mi conejillo de Indias”.
“Ha brotado una conciencia política desde nuestros cuerpos en forma de escritura”.
“Para arrebatarle a los otros nuestras experiencias”.
“Apropiarnos de la voz que ha sido del blanco”.
“En conflicto con un canon”.
“La mirada es lo único que tenemos”.
“Muestro mis contradicciones”.
“La fragilidad revelada es la mirada nueva con la que el lector se identifica”.
Imagen: foto de la escritora Gabriela Wiener @fil.nyc
Autora, Sofía Álvarez Capuñay.
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