Por Ana Claudia Molinari
El oficio más difícil de toda mi vida es el de escritora. Como diría el poeta, aún estoy en el camino. Cuando iba a cumplir 50 años me hice muchas preguntas. Cambié de piel. Renuncié a mi trabajo de profesora titular en una universidad (de algún lugar del sureste mexicano) para convertirme en novelista. Escribir literatura es igual que ser astronauta. Entrenas para poder ir a un mundo paralelo. Y solo cuando estás en órbita agarras la onda. La onda que está en la tierra, en tu madre, en la palma de tu mano.
Para ser escritora no basta con decretarlo. No basta con renunciar a los deberes de género. No basta con escribir medianamente bien. Y no bastará nuca con una habitación propia; para ser escritora hace falta tener un editor, es preciso que te publiquen. A mí nunca me ha pasado eso.
No sé cómo hacerme publicar, la actitud de oso anarquista con la que escribo no ayuda. Y yo no tengo capital social. Intenté algunos concursos que nunca gané, lo que me llevó a distanciarme de ese método, aunque aprendí a trabajar mejor. Y jamás he probado colocar las obras por medio de agencias, tampoco contratar servicios editoriales. Es esa la manera en la que mucha gente saca a luz su libro hoy en día. Pagas a cambio de edición, impresión y publicidad (¡ a veces también por la escritura misma del texto !); pagas mucho más por ir a presentarlo a ferias o colocarlo en estantes importantes. La identidad de escritor a modo cuesta caro. Pero lo importante para mí es la trascendencia que te contagia la escritura, entender algo, ser congruente y luego hacer yo misma un libro con esos textos. Yo practico la auto publicación, yo soy mi editor. Editar es otra manera de escribir.
Me topo con un velo de misterio mítico en cómo pasas de tu manuscrito, a ver tu libro exhibido en las mesas de las librerías y tu foto en las revistas de avión. Mientras que para una mujer, escribir puede ser hasta un motivo feminista y una práctica de reivindicación y auto conocimiento, publicar es un asunto solitario y oscuro. Así lo plantea la industria editorial: la escritora está aislada, es ella, la escritora fulana de tal. Y ella jamás habla de cómo logró ser publicada.
Mi experiencia en México, es que para que te publiquen las editoriales, sí o sí, tu escritura necesita ser avalada por un aparato precedido por un criterio masculino (jerárquico y competitivo), donde el poder lo ejercen los escritores o las instituciones. O sea, además de no decir algo que realmente incomode al establishment, tienes que pertenecer a algún círculo de la gente que hace cultura, o tener mucho dinero, o ser parte de un grupo caciquil, o un apellido de peso, o estar inscrita en un club de alabadoras de algún gurú local, para que te hablen por teléfono a pedir tus textos.
Por supuesto, poco a poco las mujeres han creado otras instancias que publican sus obras sin aval masculino. Pero el sistema, lo repetimos al infinito, es patriarcal. Yo sospecho que en literatura, todo es auto publicación. Al menos un buen de auto promoción.
Hay editoriales con prestigio, mismo que se transmite al escritor. Aunque sabemos que grandes editoriales tienen sellos destinados a publicar este tipo de obras auto financiadas. Un escritor cuya “creación” se venda bien, podrá ser parte de la empresa editorial, de la cadena de producción del libro. Ese escritor no pagará por la difusión de sus obras sino que cobrará por hacerlo. Es medio tabú eso de cómo hacerte publicar, implica siempre un brillo que viene de fuera. Lo importante es que te reconozcan los que tienen celebridad en el campo editorial o un estatus superior al tuyo. En cualquier caso, detrás de un libro está su mecánica de producción: una institución económica y un dispositivo de control ideológico, donde normalmente, las mujeres no toman las decisiones. Me encantaría preguntar a las escritoras que publican mucho, cómo trascendieron el umbral.
Algún día me publicarán sin que yo se los pida y brotará de la crisálida inmóvil una mariposa. Mientras tanto he hecho lo que todas hicieron. Me invento un nombre de hombre, me hago pasar por autor. Mando mi manuscrito a un portal donde soy desconocido. Y la magia ocurre. He redactado ya varios ensayos incendiados sobre el mundo y las guerras, que la revista en cuestión le publica a mi heterónimo. ¡ Él sí que tiene éxito ! Me gusta escribir sobre temas de geopolítica bajo la identidad de un hombre, de hecho así logro crear mejores hipótesis. En cambio con las novelas y los poemas, me gana lo desobediente y es ese desacato el que alimenta el canto. De cualquier forma, la escritura me ha enseñado que solo estoy jugando mi juego con las reglas del enemigo.
Texto demoledor y contundente. Totalmente de acuerdo. La llamada «República de las letras» adolece de la misma patriarcalitis que otras instituciones.
Abrazo
Moisés
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Gracias!!!
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