de Ana Claudia Molinari
Plegaria para una madre
Líbanos, engúyenos, vomítanos
otra vez recién nacidos
M a d r e t i e r r a
con la lluvia discreta del desierto
amamántanos
con el arac
con la gota de rocío
Rompe la fuente y danos a luz
M a d r e r í o
Aguamiel que transita en nuestras venas
Un vagabundo duerme sobre los escombros
de los mil y un poetas
que a la mar se hacían
Si llegara un navío y no muriera de frío
Todos somos tus hijos tierra
Alúzanos con luciérnagas insumisas
en esta noche violenta que nos cubre…
Leí un libro de poemas de José Martí
Y no me queda más remedio que escribir
Si me detengo ahora voy a regresar al mundo
Bárbaro cosmos homínido
Con angustia, con antipatías
sus vainas de cada día
Las noticias, el espionaje en mi celular…
No me queda más remedio que escribir
Si me detengo la antena se abrirá a la ignominia
donde no puedo dormir
desde que no cesan las bombas en Palestina
¿Por qué no despertamos de la pesadilla?
No eres poeta porque lo digas
Sino porque puedas deletrear
un verso cual ciervo herido
y sentir la tristeza de los olivos
Eres escritor cuando lo que escribes
es el nombre de tu hijo sobre su vientre
por si cae un misil en casa
puedas reconocerlo después
Saber que es tu hijo
No una masa
sino tu hijo
Porque escribiste su nombre
en donde crece la luz.
La mañana que me voy
Ví el amanecer como un animalito que nacía
Desperté con las nubes abajo
Me estuve preguntando
por el futuro y los viajes
A veces
en ciertas horas
me reprendo a mi misma
tan dada a los desvaríos
Ví las estrellas y quise alcanzarlas
Paradojas del pensarío
Nuestros pies nos atan a la tierra
mientras la locura nos despega
aladas
Pies y cerebro:
ese es el binomio del sueño.
Tres poemas para Palestina de Ana Claudia Molinari